Difracciones en el tiempo de Pablo Cancio

Por LETICIA RUIZ ROSADO

“el viento, el viento gracioso,
se extiende como un gato para dejarse definir”
Ah, que tú escapes de Filosofía del clavel de José Lezama Lima

Las difracciones de Pablo Cancio se instalan y disfrazan sobre el papel en el tiempo

Y las puertas y ventanas
Cerado, y me siento aquí
Como un quetzal herido
Encerrado. (Cancio 13)

Es otro tiempo, es es el tiempo de la creación poética a lo largo del recuerdo o el puro juego del historiador-poeta a base de su cultura, que versa viajero en el tiempo

Salgo a la interperie
En pleno día
A pleno sol
Y soy en cada rayo de luz,
Brizna, trizas
Que refulgen en la pupila
Traspasando los cristales
Difractando la luz
A medida que avanzo Cancio 14

Por eso, es “la hoja amarilla” (Cancio 15) la recolectora de esa luz diseminada cual:

derroche o fiesta que
Se esparce,
Se difracta,
Se refracta
Y nos baña a raudales (Cancio 15).

Para bañarnos a todos e iluminar las cosas y exaltar los colores como los del quetzal. De manera que Cancio se apropia de su voz y se autodefine poeta, por eso versa isocromías Cancio 15 para olvidarse en el lenguaje mudo de las flores/ y de las cosas/ (Cancio 16). Es interesante como va autodefiniendo sus difracciones, o sea, sus versos para paralelamente afianzar su impronta:

Yo dejo que cada rayo
Ilumine
Que penetre y refuna mi alma
Que me irrigue con chorros de luz
Que folrezca la espiga dorada o la rosa (Cancio

Así permanecerá en el tiempo y en las cosas como en la espiga o en la rosa. Esa rosa tan trabajada por las dos grandes poetas del canon del 70 puertorriqueño, Angela María Dávila y Luz Yvonne Ochart, herederas indiscutibles de la tradición hispánica y occidental. Esa rosa que se repite como todos los ciclos naturales en el tiempo y el espacio perenne de la materia, ésa que ni se cres ni se destruye, porque inequívocamente, es. Afirma el bardo como confesión ante esta realidad:

Soy un ser difractado en el tiempo
Heliotropo amarillo,
Disperso
Partícula superlumínica
En la imagen de la contrafigura
Que me devuelve el espejo Cancio 16

Este séptimo poema del poemario o estrofa de la primera parte, remite al lector al VI ya que su simetría sostiene las leyes físicas y se retrata en ese espejo que precisamente refracta la imagen o esencia de las cosas.

Es la mar de interesante descubrir cómo en este mismo poema el enunciador va definiendo la trascendencia de su acto creativo como:

Evento presente/ dentro de otro pasado distante,/ aplazamiento del signo/ (Cancio 16). Precisa y contextualiza que es:

En la inversión del tiempo
En que escribo y vivo
O viceversa (Cancio 16)

En esa enunciación se autoproclama escritor porque no atina a despegarse de un acto sin el otro: su presente es la escritura y, la vida misma que en esencia es su espejo. Dicho de otro modo, su derrotero ya es el signo inequívoco del lenguaje, por tanto, como ya había señalado al comienzo de este trabajo, tal vez, Cancio viaja a otro tiempo cual “quetzal herido” a fin de trasportar a los lectores de Disfracciones en el tiempo en el proceso de la mente e incertarnos en ese otro mundo hermético o trascendentalista del inconsciente a fin de reconocerse tras los cristales/ fracturados/ color verde/ (Cancio 17) y, de esa manera explicar su reconocimiento en el tiempo, pero no en ele presente desde donde habla si no en aquel pasado que define su presente, a fin de cuentas como apuntalara la semana pasada en este mismo recinto, el poeta Elidio La Torre Lagares el presente es la suma de nuestro pasado, en esencia vivimos dentro de nuestro pasado y esa cultura y, cuando explicaba su poemario, Vicios de construcción.

Con este elemento como resorte, el enunciador en Difracciones en el tiempo, retrotae al modo de los profetas, la suma esencial de pasados como poeta del siglo XXI, según otros del XIX y XX hicieron respetivamente en sus períodos esencialistas., dentro de la primera parte del poemario. Sin embargo, este enunciador como los otros, se dirigirá a lo largo de su viaje, en el resto de su libro por los fueros de la abstracción erótica para de este modo, construir espacios autónomos y esencialistas con intertextos palesianos en la misma búsqueda de esa rara belleza que es la poesía misma. De ahí que se nombre, quetzal, como si fuera el dios del aire de los antiguos aztecas o mayas, desea que lo situemos dentro del contexto tropical americano. De ese modo se eige quetzal o lo que es lo mismo, poeta, cantor de pueblos americanos, así no habrá duda alguna de la riqueza cultural que lo conforma y pinta. Esa cola larga del quetzal sará su rúbrica, de colores brillantes. Desea ser adorado dentro de su entorno. En el caso de Cancio, su afén y búsqueda lo deja siempre con interrogantes: ¿ quién sabe, a dónde iremos/ después de todo esto?/ (Cancio 35)

Parecería que su recorrido lo lleva misteriosamente a:
Pequeñas muertes, sí
Pequeñas muertes
La tuya y la mía,
Tu silencio alumbrándome los brazos (Cancio 57).

Por ello, las explica en su cotidianidad, emplea el recuerdo temporal de la semana para asumir el proceso e ir demarcando esos cambios o pequeñas muertes como epítetos afianzadores del devenir creativo y humano. Incluso crea la imagen de una relación amorosa con el tropo del sueño a fin de apuntalar ese devenir incierto ‘que nunca llegará jamás, /pero que está ahí bailando como una rosa al/ borde del vaso, / (Cancio 57) Nos remite irremediablemente al Palé Matos de “La búsqueda asesina”,

Zumbel tó, yo peonza. Vuelva el tiro,
Aquel leve tirar sobre el quebranto
Que a masa inerte dábale pie y giro
Haciéndola cantar en risa y llanto
Y en risa y suspiro…
¡Vuelva, zumbel, el tiro,
Que mientras tires tú me dura el canto! (Palés 22)

Este insuperable final palesiano evocado por Cancio, es a todas luces el resorte de sus difracciones, con la gran diferencia de que su búsqueda nos remite en otro instante del día, la noche:

Mientras la noche se va tragando el paisaje
Mientras la noche se va tragando el paisaje (Cancio 58)

Entonces… se da a la tarea de intentar cual el bardo loiceño, a abordar la barca en el tiempo de los antiguos escritores clásicos que como hubo hecho:

Yo salí aquella mañana y me miré en el espejo (Cancio 59)

Ese viaje será hacia la cita , de igual modo intitula el poema:

Bajo un sol brillante
Se sentaron él y ella
Frente a frente en
La mesa (Cancio 60)

Para tornar a los “desencuentros” (Cancio 61) como los describe el poeta aguadillano; es un afán difícil, a veces fallido. La huella becqueriana es incluso ineludible señalarla, sobre todo en el poema, “Entre ola y ola” y, en la última sección del poemario titulada, “Deliquios de amor”, sobre todo en el poema número V:

Recapitulemos y retomemos el poema, “Desencuentros” donde el enunciador viajante nos parce un escritor más que un capitán a bordo:

Me levanto del escritorio
Y miro a través del
Ventanal
Pienso en nuestro amor
Una larga historia de encuentros y
Desencuantros (Cancio 61)

En este acto se pregunta: ¿Dónde estás ahora, que te busco/ y no te encuentro?/ (Cancio 61) . Esa pregunta retórica lo colocará de cara con su contraparte, “ella”, que estará en el “fornicular” “de subida” y “él” siempre en el “de bajada”. Ella siempre como “posesión divina” o “aura” en el decir de Walter Benjamin. Ello supone pues, la irracionalidad esencialista del acto creativo que a todas luces dentro de la tradición de la lírica, sitúa a Cancio según mi manera de leerlo en la tradición del sustancialismo metafísico, entendiendo sus Difracciones en el tiempo como un discurso diacrónico producto del campo de su cultura.

Debemos señalar, no obstante, que Palés y otros lo habín trazdo dentro del canon literario insular y, Cancio, ahora lo reformula, por eso indiqué que era un poeta autónomo del siglo XXI que juega creativamente, enuncia entonces en la parte final del poemario, ‘Deliquios de amor’, “ Creo que fue un lunes” (Cancio 67), con ello disfraza el acto y el viaje que otros habían zarpado, entonces como travesti de las letras enuncia;

vestida de amarillo y le dije:
me gusta el amarillo, y
se sonrió. ( Cancio 67)

La poesía se burla de sí misma; especie de guiño literario. Es esa complicidad perpetua que se repite una y otra vez como los sueños, por eso, el miércoles se plasma “rara disposición geométrica” , y el jueves se muestra, “verde”, eco por supuesto lorquiano; pero el viernes es sinécdoque juvenil de escorzores eróticos. A fin de cuentas, se dio la cita con ella, mas… se levantó /“numen con la palabra”/ ( Cancio 68) . En Palés, “ Melé, numen y esencia de la muerte”( Palés 12) .

De manera que en, Difracciones en el tiempo, la poesía es la palabra que no fue y/ nos vio y vino después/ como un relámpago a/ despertar el deseo/ (Cancio 69) Esa ya anunciada por Darío, y que Cancio la llama ahora: /carne trémula/ (Cancio 69) , incluso:

la razón de un hemistiquio
el verso
la palabra
bajo unos ojos siempre abiertos
en la memoria (Cancio 69)

Incluso, ‘sombras’ en clara alusión becqueriana. De manera que la voz de Cancio es la suma de intertextualidades que nos remiten a bogar tras la sombra de una ilusión aérea que se desvanece a lo lejos en “cúmulos, ciros, estratos” (Cancio 73) porque su fin, ese aprehenderla o encrontrarla siempre ha sido tarea futil, evanescente. Entonces las Difracciones en el tiempo de Pablo Cancio son un cántico quetzaliano en el barco, cuyo capitán /no encontró el azul/ de la mirada de ella/ (Cancio 73) puesto que el lenguaje desde siempre , a lo largo del tiempo… es cual las flores y las cosas, mudo.

Conferencia dictada en la Universidad de Puerto Rico en Aguadilla-Puerto Rico
martes,31 de marzo de 2009

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